Algunas preguntas y respuestas sobre los criptoactivos

1. ¿Qué diferencias de fondo hay entre una criptomoneda y las monedas oficiales (euro, dólar)?

Tanto las monedas virtuales como las oficiales pretenden cumplir, en alguna medida, las funciones que tradicionalmente se han asociado al dinero (servir como medio de intercambio, depósito de valor y unidad de cuenta). Ambas monedas están diseñadas para utilizarse como medio de cambio (al menos, dentro de sus respectivos ámbitos de utilización) y pueden servir, asimismo, como instrumento en el que se mantiene almacenado un valor. Con esas finalidades, presentan un carácter homogéneo o fungible y son divisibles sin pérdida de valor, al igual que el dinero efectivo.

Las monedas virtuales son representaciones digitales de valor, emitidas a través de entes privados y denominadas en su propia unidad de cuenta, sin ser el crédito de una entidad emisora, lo que las diferencia del dinero electrónico. La mayoría de estas monedas son “cuasianónimas”, ya que las transacciones son registradas de modo que los usuarios son conocidos solo por sus direcciones públicas de moneda virtual, sin poderse recuperar fácilmente su identidad real, lo que da alas a que el anonimato y la menor trazabilidad esconda actividades ilícitas. Las monedas virtuales más conocidas suelen utilizar registros distribuidos; así, en el caso del bitcoin se emplea un mecanismo de registro y transferencia basado en la tecnología DLT, (Distributed Ledger Technology), es una tecnología que permite registrar, compartir y sincronizar transacciones y datos entre múltiples usuarios en múltiples ubicaciones) que permite mantener un historial de las transacciones en la moneda de modo descentralizado.

Así, en el caso de las monedas virtuales, su posible función como unidad de cuenta y medio de intercambio es comparativamente pobre, tanto por su limitada aceptación para realizar pagos minoristas y el elevado coste de esos pagos como por la volatilidad e imprevisibilidad de su valor, que dificulta enormemente el establecimiento de precios en dichas monedas. La elevadísima volatilidad lleva a que tampoco resulten fiables como depósito de valor hacia el que los ciudadanos puedan canalizar sus ahorros. Además, la carencia tanto de un valor intrínseco como de un valor extrínseco (por no estar respaldadas por ninguna autoridad) también dificulta el cumplimiento de las funciones del dinero. De hecho, las monedas virtuales han empezado a usarse cada vez con más frecuencia como instrumentos de inversión, en muchas ocasiones con finalidades especulativas.

Las autoridades consideran que no es previsible que en un futuro cercano se salven dichas limitaciones, pues en la mayor parte de estas iniciativas existen problemas de escalabilidad derivados del alto coste energético de producción de dichas monedas, de los elevados costes de transacción, de los problemas de gobernanza o de la rigidez en su mecanismo de oferta. La propia tecnología subyacente supone, en sí misma, una limitación para el desarrollo de estas monedas, pues no da respuesta simultánea a las tres propiedades o requisitos que resultarían necesarios: descentralización, eficiencia en costes y resolución correcta de las operaciones.

Por otra parte, la industria está proponiendo alternativas para intentar solucionar los problemas de estabilidad del valor de las monedas virtuales y solventar las limitaciones tecnológicas, con el objeto de facilitar su uso como medio de pago, si bien esto parece difícil, dados los problemas de gobernanza de muchas de estas propuestas.

Todo ello hace que los pagos con dichas monedas no sean percibidos como pagos eficientes, a diferencia de lo que sucede con los pagos efectuados mediante dinero de curso legal. En la actualidad, la existencia de una autoridad pública de respaldo para estos últimos contribuye a sostener la firmeza de los sistemas de pago y la confianza en el dinero como medio de intercambio común generalmente aceptado, de forma que los ciudadanos entienden que los pagos en dinero son seguros y que se realizan de forma inmediata y sin contratiempos.

Tampoco es previsible que en un futuro próximo vayan a reemplazar al dinero de curso legal, incluso si se extiende su uso, dadas las limitaciones que presenta su configuración.


Fuente: Revista de Estabilidad Financiera, Nº 35. Banco de España, 2019

2. ¿Cumplen las criptomonedas las características del dinero?

Las características esenciales del dinero definidas estrictamente pueden clasificarse en:

i) Es un medio de intercambio, facilita el intercambio de bienes y servicios, por lo que tiene que ser generalmente aceptado.

ii) Sirve como unidad de cuenta, para cuantificar el valor.

iii) Es un depósito de valor.

Su utilización se basa en la confianza generalizada, en su aceptación como medio de pago y, en que su valor se mantendrá estable en el tiempo (dinero fiduciario oficial que impera en la actualidad).

Atendiendo a estas premisas definitorias del dinero, las criptoactivos (su denominación evolucionó, de las monedas virtuales o criptomonedas, hacia la de activos virtuales o criptoactivos, precisamente con la intención de deslindarlas de la noción de dinero) las cumplen a grandes rasgos, pero, si empezamos a desgranar sus peculiaridades punto por punto, encontraremos que, a día de hoy, sus mecanismos y usos difieren de los del dinero de curso legal, cumpliendo sus propósitos generales de manera limitada. Para que los criptoactivos llegasen a ser ampliamente identificados como medios de pago y unidades fidedignas para almacenar y medir la riqueza, su valor no debería ser tan altamente volátil. El Bitcoin, el criptoactivo más conocido y usado hasta la fecha, se reconoce como medio de pago para el pago de bienes y servicios alrededor del mundo, pero no en todos, dependiendo heterogéneamente del país, a la vez que su acceso, modo de uso, y complejidad siguen siendo algunas de las barreras de adopción que presenta para ser globalmente aceptado por la mayoría de públicos.

3. ¿Aportan valor las criptomonedas al sistema económico?

En mi opinión, no están aportando valor directamente, sino que más bien son reductos de especulación y garantes de actividades ilícitas.

Realmente no solucionan ningún problema aparente de gravedad. El dinero convencional cumple su función bastante bien: el poder adquisitivo de un euro a un año es altamente predecible, mucho más de lo que es un bitcoin. Usar una cuenta bancaria significa confiar en un banco, pero en general los bancos justifican esa confianza mucho mejor de lo que las empresas que tienen tokens de criptomedas.

Aunque las monedas virtuales no estén funcionando hasta la fecha como un completo sustituto del dinero, y probablemente no vamos a utilizar como dinero ninguna de las criptomonedas en circulación actuales, su novedosa tecnología subyacente sí puede considerarse como un catalizador relevante para la transformación de sectores como el financiero, cambiando la forma de realizar pagos, como se ha estado evidenciando durante los últimos años, al ser la tecnología Blockchain foco de investigación, desarrollo e inversión alrededor del mundo de manera que esta tecnología pueda ser implantada en infinidad de aplicaciones en los negocios.

En lo concerniente al mundo financiero, el blockchain es utilizado para los movimientos de capital, modificando las dinámicas de pagos.

Casi una década después del lanzamiento del bitcoin, las criptomonedas han tenido muy pocas incursiones en el comercio real. Sí que es cierto que algunas firmas las aceptan como pago, pero mi sensación es que se trata más de un “postureo” para reflejar cierta imagen de vanguardismo, antes que obedecer a una utilidad real.

Es más, si nos fijamos en la larga y amplia historia de los sistemas monetarios, ha habido una dirección clara: la tendencia de reducir las fricciones para hacer negocios y la cantidad de recursos reales necesarios para hacer frente a esas fricciones. Desde las monedas de oro y plata, hasta el dinero fiduciario que finalmente logró reducir en gran medida el insostenible consumo de recursos. Las personas, por su parte, gradualmente se alejaron de las transacciones en efectivo, hacia los pagos con cheque, y después, hacia las tarjetas de crédito y débito, y actualmente, hacia otros medios digitales.

En contraste, el entusiasmo por las criptomonedas parece muy extraño porque va exactamente en la dirección opuesta a la tendencia a largo plazo. En lugar de transacciones casi sin fricción, nos encontramos con costes muy elevados de hacer negocios, ya que la transferencia de un bitcoin a otra unidad de criptomonedas requiere proporcionar un historial completo de las transacciones pasadas. En lugar de dinero creado por el clic de un ratón, tenemos dinero que debe extraerse, creado a través de cálculos intensivos en recursos. Estas características son esenciales para crear confianza y usabilidad en un sistema descentralizado.

Los billetes bancarios se rigen por otro mecanismo. Funcionan porque la gente sabe algo acerca de los bancos que los emiten, y estos bancos tienen un incentivo para preservar su reputación, siendo éste uno de sus objetivos, ser creíbles a ojos de los ciudadanos para que sus medidas sean eficaces. Aunque los gobiernos puedan abusar del privilegio de crear dinero fiduciario, generalmente los gobiernos y bancos centrales ejercen moderación porque se preocupan por su reputación. Esto implica que se supone que hay que estar seguro de que un bitcoin es real sin saber quién lo emitió.

Finalmente, podríamos considerar que aportan valor al dejar en evidencia las limitaciones de las criptomonedas actuales, para que se configuren sistemas monetarios virtuales robustos, confiables y seguros que tomarán el relevo a las monedas oficiales (aún físicas) actuales.

4. ¿Qué ventajas e inconvenientes tienen las criptomonedas?

Ventajas:

-Las criptomonedas supusieron un hecho disruptivo cuando apareció Bitcoin en el año 2009. Muy probablemente, en el futuro adoptemos monedas de curso legal digitales, emitidas por las autoridades monetarias, potenciadas por su aparición y su desarrollo tecnológico, como el blockchain, las redes distribuidas, la criptografía, etc.

-Menores comisiones por transacción producto de la eliminación de los intermediarios financieros.

-Mayor anonimato y privacidad de sus usuarios.

-Si consiguiese reducir el uso de billetes y monedas físicos, los criptoactivos ayudarían a mitigar la falsificación y el incremento en la tenencia de billetes de altas denominaciones con fines ilícitos como la corrupción y apoyarían la lucha contra los defraudadores de impuestos en países como la India, que, en el año 2016, el primer ministro Narendra Modi, anunció que los billetes de 500 y 1.000 rupias dejarían de tener valor al día siguiente, es decir, el 86% del circulante no serviría más como medio de pago, en un proceso llamado “desmonetización” para atacar a la economía sumergida y ampliar la vigilancia del gobierno sobre las transacciones y las posesiones de cada ciudadano.

-Las criptomonedas no se ven erosionadas a causa de la inflación. El dinero fiduciario, en cambio, pierde valor año tras año, un hecho que actualmente no ayuda, dada la impresión de dinero constante por parte de los bancos centrales. El papel moneda no solo pierde valor, sino confianza, ya que cada vez se “imprime” más dinero para financiar los déficit gubernamentales. Los detractores del sistema monetario actual consideran que estas medidas de expansión monetaria son medidas inflacionistas, aunque, desde que programas del tipo Quantitave Easing (expansión de la base monetaria) fueron implementados a raíz de la gran crisis financiera de 2008, no hemos visto un repunte de la inflación en los países desarrollados, sino que se ha mantenido estable y, en zonas como la eurozona, las políticas de tipos de interés cero, que no logran estimular la economía y reducir las tasas de desempleo a la japonesa se han convertido en la norma, derivando en una trampa de liquidez y estancamiento económico.

-El FSB (Consejo de Estabilidad Financiera) reconoce que las criptomonedas estables pueden aportar beneficios para el sistema financiero y la economía global pero también alerta sobre los “riesgos para la estabilidad” y anunció a finales del año 2019 que también estudiará si las regulaciones y supervisiones sobre criptodivisas estables existentes son adecuadas y eficaces. Por tanto, todo parece indicar que en el corto plazo la regulación de las criptomonedas será esencial, y ese espíritu de liberalismo salvaje que las caracteriza irá cediendo en torno a normativas unificadas tanto en la Unión Europea como en EE.UU., que terminarán por acotar su naturaleza jurídica, su utilización y los controles oportunos dado, sobre todo, el carácter global que las caracteriza.

-Nuevo desarrollo tecnológico.

Inconvenientes:

-Las criptodivisas nacieron al calor del estallido de la crisis financiera de 2008, señalando el hartazgo del sistema económico imperante, valiéndose como crítica y alternativa libertaria al sistema monetario tradicional, sin ser necesario contar con intermediarios ni entidades emisoras de la moneda en la que los ciudadanos escogan realizar sus transacciones. Uno de los apoyos más fuertes que reciben es que son independientes del color político de los gobiernos que se suceden en el poder y que rigen decisiones trascendentales, así como de reguladores. Bien sabemos que hoy en día, todo es política.

Las divisas virtuales entrañan una serie de riesgos que es necesario poner de relieve para conocer con exactitud el impacto que pueden tener. Para identificarlos, he recurrido entre otras muchas fuentes al informe de la Dirección General de Operaciones, Mercados y Sistemas de Pago del Departamento de Sistemas de Pago del Banco de España.

-En el caso del bitcoin, las direcciones que funcionan como cuentas no prestan ni identificación ni verificación alguna de los participantes, por lo que el anonimato de la criptomoneda podría ser un caldo de cultivo ideal para llevar a cabo delitos como el blanqueo de capitales, la evasión de impuestos, la financiación del terrorismo, facilitar las transacciones en la deepweb, en marketplaces dedicados a la venta de drogas, armas, prostitución, alimentando redes de pornografía infantil, trata de blancas, tráfico de personas y de órganos, esclavitud, pederastia, … como el caso de la web “SilkRoad” que terminó desarticulando el Gobierno estadounidense.

-Financiación de actividades ilícitas y/o blanqueo de capitales. Debido al carácter descentralizado del esquema, las transferencias se producen directamente entre el ordenante y el beneficiario, sin que se necesite un intermediario o administrador. Ello implica una dificultad ante la identificación y alerta temprana ante posibles comportamientos sospechosos de actividades ilícitas. Asimismo, el hecho de que redes de crimen organizado usen de forma generalizada sistemas de pago electrónicos emergentes puede crear una reputación negativa sobre los medios de pago digitales.

-A pesar de que, en principio, cualquier ordenador puede participar activamente del proceso de creación de nuevas unidades de bitcoins, la elevada capacidad computacional requerida implica que, en la práctica, esta actividad esté dominada por un reducido grupo de actores.

-Posibles transacciones fraudulentas. En la medida en que los protocolos sobre los que se asienta el bitcoin son desarrollos de software abierto, la implementación de sus diferentes versiones no tiene por qué producirse de manera uniforme entre todos los usuarios. Asimismo, bitcoin presenta una importante debilidad en comparación a otros medios de pago extendidos en el mundo online, como por ejemplo las tarjetas.

-Impacto sobre la estabilidad de los precios y sobre la estabilidad financiera, ya que las plataformas de negociación privadas donde se pueden canjear Bitcoins por monedas de curso legal están marcadas por la elevada volatilidad de las cotizaciones debido a movimientos especulativos.

-Las criptomonedas carecen de valor intrínseco, convirtiéndose en inversiones altamente especulativas. Además, su fuerte dependencia de tecnologías poco consolidadas no excluye la posibilidad de que se produzcan fallos operativos y amenazas cibernéticas que podrían suponer la indisponibilidad temporal o, en casos extremos, la pérdida total de las cantidades invertidas por robo, hackeo o fraude.

-Las ICO, u ofertas iniciales de criptomonedas, pueden hacer referencia tanto a la emisión propiamente dicha de criptomonedas, como a la emisión de derechos de diversa naturaleza generalmente denominados tokens. Estos activos se ponen a la venta a cambio de criptomonedas como bitcoins o ethers o divisa oficial (por ejemplo, euros).

Conviene tener en cuenta que las inversiones en criptomonedas o en ICO al margen de la regulación no están protegidas por ningún mecanismo similar al que protege el efectivo o los valores depositados en entidades de crédito y empresas de servicios de inversión; la ausencia de mercados equiparables a los mercados organizados de valores sujetos a regulación puede dificultar la venta de criptomonedas o de tokens emitidos en ICO para obtener efectivo convencional; normalmente en las ICO, la información que se pone a disposición de los inversores no suele estar auditada y, con frecuencia, resulta incompleta. Generalmente, enfatiza los beneficios potenciales, minimizando las referencias a los riesgos, lo que, unido a las dificultades para entender lo que se está ofreciendo, desemboca en un alto riesgo de pérdida o fraude.

-Insostenible gasto energético.

-Tecnología de fondo compleja y en desarrollo. Escasa adaptación a los públicos menos digitales.

5. ¿Se debería permitir una criptomoneda como la libra promovida por Facebook?

Proyecto Libra y sus a priori promotores en 2019

Yo me mantengo escéptica, por los  siguientes motivos:

El proyecto libra supondría ceder soberanía en materia de política monetaria desde el sector público al privado, lo que es, una preponderancia de Facebook y el resto de actores implicados. Asimismo, los miembros de las empresas privadas no son elegidos democráticamente, no son el resultado de la soberanía popular, por lo que el proyecto libra es un atentado contra la soberanía popular en una materia tan fundamental como son la economía y las finanzas públicas.

Las preocupaciones de las autoridades de competencia giran en torno a si el uso de los datos de los usuarios de la moneda podría conducir a posibles prácticas anti competitivas por parte de Facebook, que cuenta con unos 2.000 millones de usuarios en todo el mundo aproximadamente. Podría forzar a las empresas a cambiar sus prácticas de negocio abruptamente y poner en jaque al sistema financiero internacional. Es destacable que el proyecto Libra actualmente se encuentra paralizado, tras ser ampliamente analizado y discutido por las autoridades de EE.UU., que concluyó que no satisfacía la regulación.

A pesar de que los supervisores tendrían su principal foco de preocupación en los usuarios, otro de los asuntos que escaman a las autoridades se encontraría en la Asociación Libra, la institución basada en Suiza que crearon las empresas que pretenden impulsar la criptodivisa, sobre todo teniendo en cuenta la información que puede ser intercambiada y el empleo que se le podría dar a los datos de los consumidores. Precisamente Facebook, no es el mejor de los promotores para un proyecto como Libra, al haber sido protagonista de polémicas y sonados juicios por el cuestionable uso de los datos de sus usuarios y el buen cumplimiento de las normas. Dar luz verde a un proyecto como éste no solamente requiere de consideraciones económicas, políticas, regulatorias o estratégicas, sino morales y éticas.

De mi parte, espero que los bancos centrales tomen acción para que en el futuro las monedas oficiales pasen a ser digitales. Indudablemente, ése es el futuro que nos espera.

En este sentido cabe destacar el caso de Suecia o China, cuyo Banco Central lleva tiempo trabajando en su proyecto de moneda virtual, y que, al contrario que con las criptodivisas descentralizadas como el bitcoin, contempla dar a Pekín un mayor control sobre su sistema financiero, mejorando significativamente la trazabilidad del dinero. Esto, por supuesto, conlleva efectos secundarios.

Aunque se permitiera contentar al sector más libertario de la sociedad con el uso de monedas descentralizadas, la libra de Facebook, para no ser tan extremadamente volátil como el resto de criptoactivos, estaría ligada a una cesta de activos de bajo riesgo, principalmente monetarios y a divisas fuertes como el dólar o el euro. De esta manera, libra no es independiente del sistema económico y financiero imperante y, llegado el momento en el que los bancos centrales emitan sus divisas en formato virtual, ¿seguiría siendo útil libra? Libra deberá ofrecer otro tipo de atractivos para que los usuarios estén dispuestos a realizar sus transacciones con ella y a usarla como depósito de valor, a sabiendas del precio pagado en relación a los datos sensibles cedidos a sus promotores. Probablemente, su única aportación en este contexto sería la de diversificar la oferta de divisas existentes, y que hasta podría convertirse en una divisa refugio como lo es el dólar actualmente, al medirse su valor en relación a los mejores activos con bajo riesgo y ampliamente respaldados.

6. Se considera que el oro es un activo refugio. ¿Crees que las criptomonedas también son un activo refugio? 

Es sobradamente conocido que los criptoactivos tienen una gran valoración de mercado, pero se consideran de manera abrumadora un juego especulativo y no acaban de resultar útiles como medio de intercambio. Esto, indudablemente nos lleva a preguntarnos si los criptoactivos son una burbuja pura, y que finalmente puede desinflarse a nada. Aunque merece la pena establecer el paralelismo con otros activos en efectivo que en realidad no se usan mucho como dinero, pero que las personas mantienen y valoran de todos modos, como es el caso del oro, que no ha sido dinero real durante mucho tiempo pero conserva su valor.

A pesar de que las transacciones en efectivo muestran una senda de evolución decreciente, las tenencias en efectivo de billetes de alta denominación en dólares han aumentado desde la década de los años 80, sobre todo los de 50 y 100 dólares. Sabemos también que estos billetes no se usan especialmente para pagos, sino para evadir impuestos, y demás actividades ilícitas, etc. Asimismo, las estimaciones nos dicen que más de la mitad de los billetes emitidos por EE.UU. están en manos de extranjeros, fuera del país.

Y aquí es donde entran en escena los criptoactivos, que son los que están compitiendo por algunos de los mismos negocios, puesto que muy pocas personas están usando bitcoin para pagar las cuentas, sino para comprar drogas, subvertir las elecciones, etc. Y los ejemplos tanto de billetes de oro como de grandes denominaciones sugieren que este tipo de demanda podría respaldar el gran valor actual de los criptoactivos.

En segundo lugar, debe hacerse referencia a la ausencia de “anclaje” de los criptoactivos. En la vida normal, la gente no se preocupa de dónde procede el valor de los papeles que usamos como dinero, sino que aceptamos billetes en euros porque otras personas aceptarán billetes en euros, aunque, sin embargo, el valor de los euros no proviene enteramente de las expectativas autocumplidas, sino que en última instancia está respaldado por el hecho de que los gobiernos de la eurozona aceptarán euros como pago de pasivos tributarios, pasivos que pueden exigir porque son gobiernos. Esto significa que el valor del euro no es una burbuja que pueda colapsar si las personas pierden la fe.

Hasta cierto punto, podemos ver que el oro está en una posición similar. La mayor parte del oro se queda ahí, posee valor porque la gente cree que posee valor. Pero el oro, en cambio, sí tiene usos en el mundo real, tanto para fabricar joyas como para otros enseres de lujo, lo que proporciona una atadura débil pero certera a la economía real. Una semejanza que puede enlazarse con el bitcoin es que ambos son escasos, lo que les torna más valiosos. El bitcoin fue pensado y programado para que se alcance un máximo de 21 millones de bitcoins en circulación gracias a las actividades de minería.

Los criptoactivos, por el contrario, no tienen protección ni se conectan con la economía real. (Precisamente, éste es uno de sus mayores atractivos para los libertarios, que confían en que los criptoactivos están descorrelacionados de los mercados financieros regulados, aunque algunos analistas apuntan a que la guerra comercial entre EE.UU. y China habría provocado una apreciación). Su valor depende por completo de las expectativas autocumplidas, lo que quiere decir que el colapso total es una posibilidad real. Si los especuladores tuvieran un momento colectivo de duda, de repente, temiendo que los bitcoins no valieran nada, directamente perderían su valor. Si esto sucederá o no es una consideración reservada para cada uno. Por mi parte, creo que es más probable que esto ocurra a que no, en parte debido a la brecha entre la retórica mesiánica de la criptografía y las posibilidades reales mucho más llanas y mundanas. Es decir, podría haber un equilibrio potencial en el cual el bitcoin (aunque probablemente no otras criptomonedas) siga siendo utilizado principalmente para las transacciones del mercado negro y la evasión de impuestos, pero ese equilibrio, si existe, no será muy estable. Una vez que el sueño de un futuro de blockchain monetario muera, la desilusión probablemente derribará todo.

En España, el bitcoin no es considerado dinero, ni puede tener tal consideración legal a los efectos de responsabilidad civil. (Pronunciamiento de la Sala de lo penal del Tribunal Supremo), sino que es considerado “un activo patrimonial inmaterial en forma de unidad de cuenta definida mediante la tecnología informática y criptográfica, cuyo valor es el que cada unidad de cuenta o su porción alcance por el concierto de la oferta y la demanda en la venta que de estas unidades se realiza a través de las plataformas de trading”. No obstante, el Alto Tribunal considera que puede ser utilizado como un activo inmaterial de contraprestación o de intercambio en cualquier transacción bilateral en la que los contratantes lo acepten.

Enlazándolo con lo primeramente expuesto, los criptoactivos pueden verse como activos muy atractivos en los que invertir dada su valoración, una valoración que se respalda por el carácter especulativo de las inversiones que canalizan y los usos en mayoría turbios para los que su demanda es satisfecha para conducir actividades ilícitas e incubiertas.

Por su parte, si atendemos a la definición generalmente aceptada de valor refugio, éstos son aquellos que, ante escenarios económicos adversos, probablemente se comporten mejor que otras clases de activos más arriesgados como son las acciones. Sin embargo, los criptoactivos han demostrado que están a la cabeza en volatilidad. Aún así, muchos inversores establecen analogías con el oro porque no hay ningún gobierno ni autoridad monetaria que controle su valor, y es escaso, como ocurre con el bitocoin, basado en un sistema descentralizado.

En mi opinión, para la generalidad de inversores que buscan mantener el valor de sus inversiones y revalorizarlas en horizontes temporales adecuados y asumiendo riesgos dentro de un rango, los criptoactivos no son una buena alternativa a tener en cuenta como valor refugio en tiempos de inestabilidad, dado el enorme riesgo que entrañan. Cualquiera de los inversores que desease liquidar su posición en criptoactivos tras un día de inversión, podría haber perdido la mitad de su inversión perfectamente, aunque se recomiende dedicar a la inversión aquel montante de dinero que puedas no necesitar en el corto plazo. Con los criptoactivos, no sabemos si mantener la inversión durante un tiempo prudente podría asegurar una rentabilidad mínima.

No obstante, el bitcoin muestra inversores que sí que confían en su valor como activo refugio dadas sus características únicas respecto al gran espectro de criptoactivos por las razones comentadas. Por añadidura, se considera que los paquetes de estímulo monetario, fiscal y las tasas de interés en Occidente, no harán más que beneficiar a los criptoactivos, al devaluarse el dinero oficial, que, además, tiene efectos “perversos” sobre los inversores, abocándoles a asumir un nivel mayor de riesgo en búsqueda de una mínima rentabilidad.

De manera general, durante su historia, bitcoin se ha movido de maneras que parecieran reflejar lo que está sucediendo en los mercados financieros. Sin embargo, hay excepciones, como años enteros en los que no sigue este patrón. Su track record sugiere que a lo largo de los años, bitcoin ocasionalmente (principalmente en momentos de crisis como la actual desatada por el COVID-19) ha mostrado ser una alternativa efectiva a los mercados tradicionales, pareciendo ser un refugio de valor para algunas actividades, pero no es totalmente fiable ni consistente, siendo su futuro muy incierto.

Por las características del mercado de criptoactivos, siempre existirán defensores a ultranza que prediquen las bondades y oportunidades que esconde para convencer y suavizar su fama, porque es necesario que el número de usuarios y el volumen de operaciones aumenten o, al menos, se mantengan. Es la única forma en la que estos mercados y monedas virtuales podrán sobrevivir y ejercer atractivo para los especuladores, pareciéndose, en la mayoría de ocasiones, a esquemas Ponzi.

*El presente artículo refleja la opinión de la autora. Argent Spain no se responsabiliza por los comentarios descritos en este post.


Cristina Diezma
Lifelong Learning

CEO Argent Spain

“Aprender es como remar contra la corriente: en cuanto se deja de hacerlo, se retrocede”.

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